Historia Minima

Una vez más, salí a buscarte. Una vez más, no tenía excusas para hablarte, escribirte o cruzarte. Todavía no me comprendía, pero en cuestiones así, muevo cielo y tierra para que parezca un “accidente”.  Antes de hacer cualquier cosa, repasé aquellas conversaciones involuntarias que surgían entre mis amigas sobre vos, y mientras lo hacía sabía por qué buscarte era la peor de las ideas. A veces me justificaba diciéndome que quizás conmigo podría ser diferente – después comprendí que esto también es algo que hago en cuestiones así. Otras veces me decía que te estaba prejuzgando, que te debía dar el beneficio de la duda, que no perdía nada.

Entonces, tomando valor, lo hice. No nos conocemos mucho y tenía las de perder, por eso lo hice. Y la respuesta no fue la negativa que esperaba. Ahí me di cuenta de mi terrible error. Maldije mi curiosidad, mi energía sexual, mis impulsos. Respiré profundo. Ya estaba hecho, ahora sólo había que solucionarlo.

Me preparé un té y me tranquilicé diciéndome que tampoco habías respondido algo concreto con fecha y lugar, entonces podía esperar a ver qué pasaba. Dejar todo en tus manos con la esperanza que eventualmente te olvidaras y nunca más retomemos el tema. Y decidí que esa es la mejor opción.

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