Cuento – Una Palabra

Nunca se había sentido tan nerviosa, ni siquiera cuando tuvo que actuar por primera vez. Esta situación era completamente diferente, y si no encontraba la palabra justa, todo se iba a arruinar.

“Es…” empezó. Sintió como si no importase lo que dijese a continuación, cualquier cosa iba a estar mal. Hacía mucho no se quedaba sin palabras, y esta vez no era que no tuviese, sino que tenía que ser una y además tenía que describirlo a la perfección.

“Es…”

“¿Por qué no te tomas un rato para pensarlo bien?” le dijo la mujer al lado de ella. Respiró aliviada y asintió. Salió del lugar, tomó  un poco de aire y se sentó.

Tantas veces había pensado qué decir en ese momento, y una vez más se quedaba sin aliento. Cerró los ojos y se dejó llevar por sus pensamientos.

Sonrió al pensar qué hubiese dicho él. Probablemente que era un groso, un tipo copado y atractivo. En ese momento esas palabras eran simple eco en su mente, no lograban definirlo completamente.

Podría adularlo, pero no lo necesitaba, no era la situación. Ellos no querían saber quien era, no querían que lo comparara; habían sido claros, necesitaban UNA palabra. No tenía por qué ser algo bueno, él nunca iba a enterarse y no necesitaban más explicaciones. Decía la palabra y se iba, nada más.

El problema era que nunca había sido de hablar mucho en voz alta, sus conversaciones más largas eran en silencio y con ella misma y creía firmemente que las palabras pesaban.

Él no lo hacía. No pesaba en su consciencia, no dolía. De eso se dio cuenta la primer noche que salieron, en la primer caricia, donde ella sintió ese encuentro de sensaciones. La piel áspera de él sobre su piel le dijo que tal vez, solo tal vez, ella estaba equivocada. Que había subestimado la situación, que lo había subestimado a él. Tal vez él no quería algo efímero. Tal vez incluso ella, deseando conocerlo más, tampoco quería ser circunstancial. Porque ella estaba ahí, tan disfrazada, y en esa caricia – o tal vez mientras lo escuchó hablar sin parar – se dio cuenta que ella tenía que ser como era, entera, no solo una parte. En esa salida, ella dejó caer esa barrera y se dio cuenta de la transparencia de él. Pero no podía decir “es transparente” porque la tildarían de loca.

No podía explicarle que en la compañía de este muchacho tampoco encontraba palabras. Que los mismos nervios que sentía de no poder contestarles, los sentía cada vez que se cruzaban o escribían. Que pensaba que sus propias palabras eran pequeñas para la madurez de él y por eso elegía el silencio. Que no quería estropear la situación con palabras muy profundas – aunque a veces sus preguntas en voz alta eran más para ella misma que para él. Entonces empezó a esconder te quieros, a acumular cosas no dichas y a intentar buscar palabras justas para lo que sentía. Tal vez , simplemente todo era parte de crecer, de mostrarse como uno es.

Ahí encontró el segundo intento fallido. Si les decía que él era compañero, sabía que no era suficiente. No era sólo compartir procesos, eran todos esos otros detalles que venían detrás. No era él acompañándola y ella intentando acompañarlo, era la paciencia de responder todas sus preguntas, el mimo en cada momento compartido, el mensaje de cada día, las preguntas oportunas, el que escuchara sus planteos adolescentes, el minuciosamente sacar cada una de sus capas para encontrar el dulzor debajo de ellas. No era compartir, era ser conscientes de lo que generaban en el otro, libremente, trascendiendo.

Una vez más, no podía decir que era inspiración porque ellos entenderían que era algo idealizado. Él era real, imperfecto, y justamente era eso lo que la invitaba a escribir cuentos de nuevo, a sentirse parte de algo compartido; ella no lo idealizaba, y aunque sabía que no era una para siempre, entendió que lo mejor que podía hacer era disfrutar. Él valía la alegría, sus palabras, soltarse, sentirse cómoda mimándolo y sus intentos de sorprenderlo.

Le gustaban sus detalles, y pese a no poder decir inolvidable, tampoco podía decir que era sus detalles. En definitiva, él era todo lo que era con ella porque en algún otro momento fue de otra manera, porque era experiencia y ella también formaba parte de eso.Eran aprendizaje.

Eso la llevo a pensar que era mas lo recibido que lo dado, que debía agradecerle al universo y eso la llevo directamente a la respuesta correcta.

Abrió los ojos, llenos de ese brillo cual niño emocionado frente a un regalo y se dirigió a la sala. Sonrió al pensar su reacción a semejante palabra, pero no importaba, ella entendía el por qué de su elección. Era por algo que escuchó a su mamá contarle una vez. Le dijo que no sabían porqué habían elegido a su padrino pero que cuando vieron al hombre mayor sontener a la pequeña niña en brazos se dieron cuenta. En ese primer contacto él dijo “Soy muy viejo y puede que no esté mucho tiempo más. Cuando no esté voy a dejarle todo mi amor para que ella no tenga uno, sino dos ángeles de la guarda.” Así, ella se sintió siempre acompañada, siempre agradecida y libre, como en ese instante.

Se sentó frente a ellos, un poco sonrojada, carraspeó y dijo

“Él es…”sonrió “Él es un ángel”

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s