Cuento – La Luna de Luna

A Luna

Existía en un mundo lejano hace muchísimo tiempo, una pequeña niña. Se destacaba del resto de los niños a simple vista. Curiosa e inquieta, no había nada que no quisiese descubrir, inventar, conocer. La podías encontrar rodeada de muchas otras personas, haciendo amigos con facilidad, contándole todas esas cosas que ellos no se animaban a experimentar. Poseía una imaginación sin medida, y era famosa por sus cuentos y personajes inventados. Era maravilloso ver la sonrisa en su rostro cuando hacía lo que le gustaba y cuando se rodeaba de esas hadas y duendes que la acompañaban.

A pesar de poseer esa libertad y dedicación para concretar cada idea que se formaba en su cabeza,  un día la luz del día no le alcanzó para completar su experimento más reciente, entonces la oscuridad de la noche la dejó sin su sentido más preciado, la vista.

Buscó, pero no había nada cerca para hacer fuego. Miró arriba y no había nada en el cielo que la iluminara. Se puso muy triste, porque había logrado encontrar la fórmula para crear hadas que ayudaran a la gente a hacer realidad sus sueños, y no iba a poder terminarla a tiempo.

En su tristeza, empezó a llorar.

Las lágrimas son esa sustancia conocida con que amasamos una estrella.

De pronto, cada pequeña lágrima, mezclada con su experimento, salía una pequeña lucecita que se instalaba en el cielo a ayudarle a iluminar el lugar. De a poco, el cielo se ilumino y pudo terminar su fórmula mágica.

A la mañana siguiente, le dio la fórmula a cuanta hada conocía y todas comenzaron a hacer su trabajo. Las personas de ese mundo de repente empezaron a abrir los ojos sorprendidos por estos mensajes que las hadas les decían. Empezaron a creer en ellos, a creer que podían. Las hadas les daban ese empujoncito que necesitaban, esas palabras de aliento, ese abrazo luego de la caída.

Ese día, todos lloraron de felicidad, porque sabían que su mundo iba a cambiar, que iba a ser mejor y más bonito. Serían amigos de todos y cumplirían todos juntos sus sueños. Tantas lágrimas se lloraron ese día, que las estrellas no fueron suficientes.

Todos los habitantes de ese mundo crearon esa noche, la Luna. Se la regalaron en agradecimiento a esta pequeña niña, para que la acompañara en esas noches de intentos de transformar el mundo.

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