Día 15 – Naturaleza

Hoy me reencontré con la Pachamama. Hoy la abracé, le recordé cuanto la quería, y estamos hermanadas.

Empezó desde el momento que me levanté. Luego de un día de mucho frío y lluvia permanente, el sol salió esplendoroso y cálido para regalarnos un domingo que te invitaba a salir. Lo primero que pensé fue en instalarme en el parque a, obviamente, reencontrarme con la naturaleza.

¿Viste cuando te dicen que veas todo como si fuese la primera vez? Así me pasó desde que llegué al lugar dónde habíamos decidido juntarnos. Íbamos a colgar una tela , y mientras esperábamos nos pusimos al sol a disfrutar de la siesta.

Admiro en ella, la natura , el otoño. Este parque tan particular, lleno de anécdotas y encuentros, siempre me gustó captar los momentos en los que observaba las hojas de los árboles al caer. No podía hacer nada para evitarlo, porque las hojas caen en otoño para que luego crezcan otras, y aún así disfrutaba ese efímero espectáculo y quería conservarlo en mi memoria. Terminé de entender al fin que así como las hojas, también uno tiene que soltar algunas cosas para que crezcamos mejor. Por más que intenté aferrarme al momento en que la hojita iba en el aire, sabía que por lo menos en mi mente, iba a poder recordarla cómo caía y me iba a sacar una sonrisa.

Llegó la tela, y con ella la diversión de estar acompañado, mates y rosquitos. Allí me acordé que uno siempre la piensa (a la naturaleza) como algo que no nos incluye. ” Uno no ve a mucha gente y dice mirá cuanta naturaleza”, recordando la frase de mi amiga reí, y me di cuenta que así como estábamos, en contacto con el aire y el árbol, también eramos parte de esto tan grande. Porque pude disfrutar ver cómo los demás se subían a la tela, y tenían la consciencia de su cuerpo, de lo que estaban haciendo. Mientras me aferraba a la tela, mientras la abrazaba, sentía también mi conexión a mi propio cuerpo, cómo se movía y trabajaba para que todo funcionara y saliera. Me invadió una energía extraordinaria, debo admitir.

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Momento de reflexión

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Momento de logro

 

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En cuanto me aferré a ella… 

También pudimos observar un tipo de aguilucho con su presa. Era un bicho grande, que daba miedo. Se estaba comiendo una paloma y ni se inmutó cuando lo fotografiamos. Ahí vi, el instinto natural. Aunque no me creas, lo sentí. Lo observaba, y pese a que nos reíamos no pude dejar de pensar en cuán maravillosa es la Tierra, y cuán poco le agradecemos o le tenemos en cuenta. También me reencontré con mis instintos, y aunque no vaya a saber explicarte, abracé a mi mujer dentro.
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Luego de irnos ya, mientras regresaba a casa en bicicleta, luego de no haberla usado en días, sentí la brisa fresca en mi cara. Me sentí como la primera vez que andaba en bici, y pese al cansancio me llene de aire y sentí el fluir que me unía al universo.

Ya se, debes pensar que estoy loca. Sé que probablemente lo esté, pero no pierdo nada con decirte que… donde quieras que estés, tu casa es la tierra, reencontrate con ella y automáticamente te encontrarás con vos mismo. 



 

 

 

 

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