Mujer

Así como las jirafas no emiten sonidos, así me encontraba yo. 

Algo dentro mío ardía, quería ser transmitido. No tenía nombre pero tenía urgencia de salir. La mujer que habita dentro mío luchaba por encontrar las palabras, que no aparecían por ningún lugar. Busqué en lo que fui, en lo que quería ser.  No podía exteriorizar todo aquello que sentía dentro, y supe que era grave cuando me di cuenta que incluso, no había llorado. No estaba adolesciendo, no sentía enojo, pero si había algo latente…algo creciendo.

Entonces, llegó el momento, de darse cuenta. De ver aquello que siempre estuvo allí pero que hacia falta recordar. Era como esa camino que siempre recorres y con el tiempo deja de sorprenderte. Sentía que me había perdido en una rutina tan particular que ya me asombraba. Ahí, me reconocí.

La mujer que llevaba dentro me pedía por favor que me acordara de ella, que me disfrutara.

No quiero caer en el feminismo, no me malinterpretes. Simplemente me di cuenta que lo que quería salir a flote era un poco de mi femineidad no olvidada pero si rutinada.

¿Cómo me di cuenta que era eso y no otra cosa? Como estaba en plena mudez, era claro que a través de palabras no iba a llegar la respuesta a todas mis inquietudes.

Detalles. A través de esas pequeñas cosas que por su cotidianeidad olvidamos y a través de esas cosas que nos dejan de sorprender.

En estos días, me abracé a mi misma y me di mis tiempos. Respeté la tranquilidad que me pedía mi cuerpo y me tomé vacaciones para revolverme, redescubrirme.

Encontré a una mujer siendo abrazada por su madre, recibiendo el amor incondicional e infinito que parece inmensurable y mi mente no puede imaginar. Encontré a esa misma mujer siendo acariciada por un hombre, descubriendo que si uno se permite, puede ser querido. La vi haciendo lo que mas le gusta, disfrutando colgarse en una tela, conocer los límites de su cuerpo y explotar de emoción al saberse llena de energía. Estaba siendo niña también, al jugar e inventar mundos imaginarios junto al niño que cuida. Vi que se sorprendía ante un truco de magia, que le brillaban los ojos al ver la luna, que sonreía al sentir la lluvia sobre su piel. Estaba disconforme, ofuscada La descubrí organizandose, ocupandose de intentar hacer cuánto pudiese por encontrar su pasión y despertarla en los demás. La disfruté cuando se sintió perdida y frenó a respirar, cuando necesitó escapar a una plaza a jugar, cuando habló sola en medio de una calle, y cuando no tuvo miedo de sentirse mujer y saber que la magia que poseía dentro, tenía que transformarla en luz que ilumine a los demás.

Esa mujer era yo, era la misma que se sentó frente a un río hace dos años y es la misma que me está abrazando hoy, y me pide por favor que en cada momento no me olvide de lo hermoso que es descubrirse, y ser mujer.

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