De niños y colectivos

He andado mucho en colectivo, lo suficiente como para recolectar anécdotas.

El tenido viajes cortos, de mi casa hasta donde iba a estudiar; o largos, de esos que duran hasta veintitantas horas y que parecen no terminar mas.

En todos ellos descubrí la magia del estar con otro, compartir una sonrisa, un momento. Solía pensar que vivía un momento de reflexión, el colectivo, la ventana y yo; de a poco, me di cuenta que no era así, que en esos momentos era cuando más vivía y más compartía.

En la ciudad donde vivo, en la que todo parece andar en cámara lenta, pasa lo mismo en los colectivos. Tardas quince minutos en recorrer veinticinco cuadras, así que saca tus propias conclusiones. Solía quejarme, pero ahora cada vez que me subo (porque cuesta que me suba a uno) disfruto. Ahora lo veo como ese viaje cotidiano, pero el que sale de la rutina, porque nunca va la misma gente, ni el mismo conductor. A veces tenes que correr detrás de uno, y otras esperar más de lo habitual. En estos viajes uno ve, escucha, lee, y toca a flor de piel la realidad más cercana: que le aqueja a alguien, que lo tiene feliz, cuánto tiempo pasa con el celular y hasta qué música escuchan. Empezó a divertirme el mundo de los colectivos.

Y en estas aventuras, es cuando más me he encontrado con ellos, los niños. Ellos que desde sonrisas y frases que te emocionan logran hacer de esos viajes, momentos inolvidables.

1. ¡Comete los mocos!

No se bien qué es lo que me impulsa a hablarles, o a no hablarles. Estábamos en la parada de colectivo con mi hermana y este niño sentado al lado de su mamá. Le sonreí, me sonrió. Le saqué la lengua, me sacó la lengua. Y así empezó el juego, le hacía caras y el me sonreía. Llego el colectivo, con poca gente, y nosotras nos sentamos al fondo, el y su mamá un poco más adelante. Apenas se sentó me busco con la mirada, y pese a los retos de su mamá (que serán una constante en las anécdotas) se sentó mirándome. Le hice ojitos, y a él no le salían, le hice un viejito y mientras los jóvenes que estaban sentados cerca se reían de mí, el logró copiarme y sacarme una sonrisa. Luego empezamos a jugar con las manos, después de saludarlo, hacerme unos lentes, y reirnos, llegó el momento de irnos, entonces me paro y lo saludo.

En ningún momento hablamos, pero justo ahí se animó y me dijo “¡metete el dedo en la nariz!” con todas sus fuerzas, lo que hizo que todos se rieran, y su mamá lo retara. Me bajé riéndome, claro.

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2. Vamos al jardín. 

Este relato es más corto, porque el viaje de la niña era corto. Venía con guardapolvo y se sentó con su papá al lado mío. Yo venía de tener un día malo, pero al verla, simplemente sonreí.

Yo: Hola, ¿Cuántos años tenes?

Ella: Cinco

Yo: Ah, mirá vos…¿entonces vas al jardín no?

Ella: Si… (se queda pensando un momento)… ¿Y vos a que jardín vas?

¿Cómo haces? Inevitablemente sonreí, y le conté que iba a uno que estaba por el centro, entonces ella me empezó a contar de sus compañeros hasta que se bajó. Me quedé con esa misma sonrisa hasta que llegué a casa.

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3. Te abrazo

Esto sucede en una parada de colectivos, de noche ya, en la que esperábamos mi hermana y yo, una mujer y sus dos hijos, de tres y cinco años aproximadamente.

Siempre me funciona eso de no hablar, o hablar haciendo caras. Hago como que me escondo del mas grande, y lo encuentro. Al principio no hace nada, pero después, cuando me tapo los ojos, se esconde detrás de una columna. Lo encuentro y se ríe. Así jugamos bastante hasta que se anima e intenta tocarme antes de que me destape los ojos. Una vez llega cerca, entonces lo agarro y le hago cosquillas.

De esa manera siguió el juego, hasta que el hermanito se enganchó  y jugamos los tres. De repente, yo estaba serantada en un tipo escalera, uno vino corriendo para que lo agarrara y así empezaron , iban y venían, corriendo y riendo y los hacía volar un poco. Me hicieron cosquillas, me tiraron del pelo, se me tiraron encima, y nos reíamos.

De repente, como quien no quiere la cosa, llego el momento de tomar el colectivo. Yo me iba y ellos se quedaban. Un último abrazo y me subí. Me fui riendo sola todo el camino.

4. ¿On tá bebe? Acá Tá 

Viajabamos a Mendoza para el moot, y el estaba en la falda de su mamá, mirándome. Era muy, muy pequeño, dos años aproximadamente. No me miraba, pero aún así yo le seguía con la mirada. Cuando la mamá se lo apoya en el hombro para que duerma, es cuando yo comienzo, cual tigre de la era de hielo, a hacerle caras. Al principio ni se inmutaba, pero después en su carita se fue formando una sonrisa amplia, y después se transformó en carcajadas. Le encantó, a su mama no tanto, pero el estaba chocho. Así jugamos una parte del camino, hasta que su mamá lo retó y yo me fui a charlar con los chicos de más adelante. En un momento, mi mamá, que venía al lado mío me llama, y yendo a su encuentro, la mamá pasa por el pasillo, cuando llego mi mamá me dice “nos lo dejó para que lo cuidásemos”. Como me divertí con ese niño, lo tuve en brazos, hicimos caretas, conocí a la hermana , que se llama Paula y cuando llego de nuevo la mamá, se lo devolvimos.

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Así es, como esos pequeños lazos momentáneos pueden transformar tu día, tu tarde, tu semana. El rememorarlos me hace sentir que vale la pena cruzarse con gente, crear lazos, reír, hacer monerías. Creo que se puede transformar algo, prestando atención aunque más no sea, a los niños y colectivos.

 

 

·Nota: las primeras fotos son representativas, del único que conservo una fotografía es del niño con el que viajé a Mendoza.

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One thought on “De niños y colectivos

  1. Mantener la esencia después de taaantos años. Justamente en los años en los que mas experimentamos “cambios”. Como lo hiciste tantos años a mi lado, siendo esa amiga única incondicional que aun en el dia de hoy nadie ocupa ese lugar, como hiciste desde ese lugar en aquellos tiempos, hoy me regalaste una sonrisa.
    Recordar los recreos que pasamos con esas criaturas, bruno y ….. no puedo recordar su nombre, el de ella. Pero recuerdo varios momentos que pasamos con ellos, entre esos recuerdos tengo uno con su voz INTACTA diciendo ” sho teno un hermanito que shora y shora siempre shora” 3 años apenas y tenia ese tonito y acento aporteñado que era para derretirse.
    Bueno pau, lindos recuerdos me trajiste esta noche. No pierdas ese “no se que”.

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