Burbuja!

Volver a casa junto a la lluvia, le dio un plus al día que estaba terminando. Durante el viaje, en colectivo porque en la bicicleta no podía llevar todo lo que quería acarrear, me puse a repasar esos detalles que habían hecho a mi día excepcional. Sonreí y la señora que venía al lado también, aunque no nos conociéramos.

Pese a no levantarme temprano, ese día era el esperado para nuestra misión especial: hacer burbujas.

Queríamos aprender, y que mejor manera de hacerlo que poniéndose manos a la obra. Después de buscar la fórmula secreta para el líquido y cómo hacer burbujeros gigantes, llego el esperado día.

Un grupo de chicas iba a juntarse en el parque de la ciudad con alambres, lanas y demás materiales para utilizar nuestras manos y así crear burbujas. Entre idas y venidas, al parque llegamos Luly (compañera de aventuras desde que nos conocimos formalmente) y yo. Después de unos tereres y de ponerse al día de cómo había empezado el año para  nosotras, empezó el ritual.

P1060756Los tereres previos

El día estaba perfecto, hacía calor pero estaba nublado. Al empezar no había amenaza de lluvia.

Vaciamos el líquido en el balde, sacamos los burbujeros inventados (medios precarios) y nos adentramos al mágico mundo de las burbujas.

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Las primeras superburbujas

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Mi cara de sorprendida ante las burbujas

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Siempre tuve algo especial con las burbujas, siempre me divertí mucho haciéndolas. Cada rato libre, incluso en la casa de mi abuela junto a mis primos, en la sede scout, o en algún campamento, buscaba el momento para que ese arte efímero llenara mis ojos de sorpresa. Así fue como en cada ocasión mis manos se llenaban de detergente y agua para experimentar nuevas aventuras burbujísticas.
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El mundo maravilloso de las burbujas

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Desde la más pequeña hasta la más grande burbuja hecha hoy, marcó una sonrisa en mi cara.
No podía creer que de las manos pudiese salir algo tan maravilloso como esas esferitas divertidas, con ganas de jugar. Lo que más me gustó, fue poder compartirlas, no aprender sola. No hay nada más divertido que estar acompañado en estas aventuras. El mundo de lo desconocido se te hace más liviano si se hace de a dos. Además, ya sabemos que no podemos esperar a que los demás se sumen, a buscar el día en que muchos nos divertamos haciendo burbujas.

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Una gran compañera

Para agregarle el toque especial, de un momento a otro, se largó a llover. Lejos de desesperarnos, guardamos todo y nos fuimos a resguardar. En el camino nos mojamos, pero no nos ofuscamos al respecto. La mayoría de los jóvenes que veíamos pasar iban descalzos y riéndose, disfrutando la lluvia fresca en un día de calor. No solo eso, sino que la misma lluvia quiso hacer sus propias burbujas, para no ser menos. En los cordones de las calles, donde se acumulaba agua, las gotas que caían formaban diferentes burbujitas que iban cuesta abajo para explotar eventualmente cuando una gota les callera encima.
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Después nos fuimos a tomar un helado y me tome el colectivo a casa, pensando o más bien sabiendo que esta era solo la primera de muchas aventuras con burbujas. La primera de muchas aventuras desafiándonos a hacer cosas que no sabíamos que podíamos hacer.

Ahora inspírate vos también, burbujéate, compartí, crea… que se puede.

Burbujas por ahí

El arte de hacer burbujas

Hace uso de tu creatividad, probá, y tendrás resultados extraordinarios!

 

 

 

 

 

 

 

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