Cuento I – La Jirafa

Cuentan que el dios africano Abassi tuvo una sola hija con su esposa la diosa Atai. Una pequeña niña de pestañas largas y enormes que cautivaban a cualquiera que la mirase. Le encantaba jugar y pasar el tiempo conociendo lugares nuevos. Sus padres le dieron todo en cuanto pudieron por eso creció rodeada de amor, aunque a veces se la observaba distante, observando el planeta Tierra.

Cuando ya era una joven muchacha, quiso conocer la Tierra. Quería bajar a ella y vivir en ese lugar. Le entusiasmaba todo lo que en ella habitaba. Sus padres estaban muy enojados con los humanos, y se opusieron. La mujer estaba muy triste, entonces sus padres decidieron hacer un trato con ella. La dejarían bajar a la Tierra, pero no como humana, pues no les gustaba su egoísmo y avaricia, bajaría como un animal. De todos los animales, ella eligió la jirafa.

Entonces sus padres le regalaron una mamá jirafa y una manada donde vivir. Cuando la jirafa tiene una cría, el bebé jirafa cae de tres metros de altura, desde el vientre de la madre y se pone debajo del cuerpo. La mamá lo patea hacia adelante para que se caiga de cabeza, cuando se vuelve a levantar la mamá lo empuja al bebé para que se caiga, se levanta y lo empuja, dicen que la mamá jirafa lo hace para que el bebé jirafa recuerde cómo se levantó.

Aún con una mamá jirafa que la acompañara, la extrañarían mucho, entonces le dieron la altura. Un cuello largo le permitiría estar cerca de sus verdaderos padres, pero también otra percepción de la realidad. La jirafa  puede mirar desde su altura todo lo que la rodea, además del pasado, presente y futuro para poder reflexionar del mismo. Le dieron esta atención para que no se quedara durmiendo en los laureles, para que no perdiese el equilibrio.

Además, le regalaron la estrategia. La jirafa come la mayor parte del día, y como es rumiante, vuelve a digerir lo que come varias veces, siendo consciente de este proceso por su cuello. Con su cuello largo puede acceder a las hojas más jugosas de las acacias. La acacia, para defenderse, crea una enzima que hace amarga sus hojas, pero solo la produce cuando por el viento percibe a la jirafa. Abassi le enseñó a su hija a acercarse por el lado donde el viento no la delate, entonces la jirafa aprendió a acercarse con el viento favorable, y a buscar dónde está ese viento.

Con su piel particular, la jirafa puede camuflarse bien entre los árboles, y su grosor le ayuda a mantener el equilibrio. Posee mucha fuerza y flexibilidad, para dominar su cuerpo. Atai le dio elegancia y gracia en su comportamiento, y le dio también la intuición. Le dio un tercer cuerno, en la frente, simbolizando su tercer ojo, la consciencia sensorial.

Sus verdaderos padres también le enseñaron a aprovechar bien el tiempo en la Tierra. La jirafa duerme dos horas al día, en lapsos de quince minutos. Dormir poco la hace utilizar los recursos disponibles al máximo y equilibrar sus energías. Equilibra su corriente de vida. Hace consciente de lo que está en su cuerpo y su energía y la ayuda a elegir lo mejor para ella misma.

Y sólo la dejaron nacer en la tierra después de regalarle el corazón más grande de todos los animales, símbolo del eterno amor por ella.

La vieron crecer en la tierra, como ese animal que no da miedo, que cuando pelea parece que abraza, que es gracioso aún hasta cuando toma agua. La vieron crecer inventiva, ingeniosa, estratega, comunicativa, con esa visión a futuro, esa amplitud de mente y esa percepción; pero por sobre todas las cosas, la vieron crecer feliz. 

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