Viaje a las alturas II – Tango

Me detuve en ese preciso momento, en su abrazo. Esas cosas que solía no comprender de pronto fueron uniendo puntos en mi mente, hasta entonces abrumada. Invadida por la quietud, me sentí vulnerable, pequeña, débil. Busqué de donde sostenerme y sentí mi mano rodeada por la suya, ambas rozando su pecho.  Sentí que me sostenía, casi sin fuerza, un brazo rodeando mi espalda…respiré tranquila. Intenté llevar mi atención a mis pies, para que se movieran, pero fue en vano, estaba dejándome llevar por esa melancólica música que nos había envuelto en ese instante.

Había algo, y ambos sabíamos, que pasaba cada vez que despacito nos uníamos en un abrazo. Todo se detenía por quién sabe cuánto tiempo y después bailábamos. Si, podríamos haber caminado todo el tiempo o incluso habernos quedado quieto en la exacta posición del abrazo y no me hubiese dado cuenta. Debe ser por eso que no bailamos tan seguido. Pero me gusta observarlo bailar y ver como transporta a cada mujer que abraza, a ese momento en el que yo, me detuve a sentir.

Pero a veces llega ese otro momento, en el que delicadamente su mano, acaricia mi piel. Incluso ha sucedido que recorre un lento camino, casi tortuoso pero elegante desde mi pelo hasta mi cintura. Y suspiro, pensando que él sabe que ese camino que dibujó voy a sentirlo por unos cuantos minutos más, como el mismo fuego que él es.

Normalmente siento que era yo quien llenaba el ambiente de palabras sin sentido y ahora pienso que cualquier cosa que diga está de más, y sobra. Entonces me limito a agradecerle, porque se ha tomado el tiempo de bailar conmigo e incluso de complacerme en esos detalles, que sabe que llenan el alma.

Así detenida en ese momento, llega también la despedida. Uno no sabe bien que hacer ahí, pero atina a abrazar de nuevo, como para no olvidarse. Aunque ahora todo es más simple, más tranquilo, como el agua que tomas después de tomar un café con leche. Después de algo tan dulce, necesitas ese líquido que relaja tus sentidos para continuar con lo que se está haciendo. Ese corto abrazo, esa despedida, es como el agua.

Y te alejas, despacito, como para no perder el equilibrio, ya que nada te sostiene ahora…

Tango  por Marco Antonio Arzadún

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